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Artículos y actualidad

Trabajo colaborativo: sí, vale, pero, ¿y los confictos?

Una de las quejas más comunes entre el profesorado de cara a implementar nuevas metodologías de trabajo en las aulas, especialmente en aquellas de ESO o Bachillerato, es la confrontación que, a menudo, sucede entre las personas que participan en el grupo de trabajo: ¿qué hacer y por qué sucede?
 
Como sabéis, hay dos formas de trabajar de forma conjunta: 
 
a) de forma cooperativa, en equipo: cada persona tiene un cometido y aporta una parte concreta al trabajo final; una de esas personas coordina el equipo  y, habitualmente, también trabaja. En general, los trabajos cooperativos son más habituales en la Universidad y entornos laborales. En la educación primaria y secundaria se intenta optar por la opción B
 
b) de forma colaborativa o en grupo: todas las personas cooperan en igual medida en cada una de las tareas y el trabajo tiene una apariencia más coherente y consistente. ¿Por qué es más razonable, en general, optar por trabajo colaborativo en etapas primaria y secundaria? Bueno, no hay reglas absolutas en Educación y hay que responder al contexto particular de cada centro, aula, alumno o alumna, pero hay una serie de motivos
  • El trabajo en equipo es especializado, así que en estas etapas no tiene mucha lógica dado que el producto final no es especializado en sí mismo
  • La especialización en una unidad didáctica, dentro de un ámbito muy restringido del conocimiento, elaborando el trabajo, no es conveniente porque impide un aprendizaje globalizado de todos los contenidos
  • En general, hay una "pluma" muy heterogénea en el alumnado de esta franja de edad, cosa que no sucede en los postgrados universitarios, o no con tanta frecuencia e igual intensidad. Esto supone un problema de edición, de legibilidad...
 
trabajo en grupo
¿Dónde surgen más conflictos?
Digamos que, cuando cada cual tiene su parcela, los conflictos existen, pero un poco menos: el trabajo en equipo suele resultar menos conflictivo, pero no siendo conveniente en esta etapa educativa, hay que buscar una vía de resolución de conflictos entre el alumnado sin renunciar al trabajo en grupo (colaborativo)

El modelo Tuckman
 
El modelo Tuckman no es nada nuevo, pero sí innovador: inicialmente planteado para las empresas (y por ende, para la gestión de equipos cooperativos, no colaborativos), se plantea en el año 1965. Establece una serie de fases que pueden extrapolarse, sin embargo, con mucha facilidad, a los grupos colaborativos:
 
1. Formación: cuando formamos un grupo, espontáneamente, los chicos y chicas se empezarán a preguntar cuál es su papel. Dados ciertos condicionantes culturales y sociales, digamos, tendemos más al trabajo en equipo que al grupo. Aunque, como es lógico, cada uno aportará más en aquellas cosas donde manifieste más habilidades, actitudes o gusto personal (escritura, dibujo, matemáticas, historia, filosofía...), hay que dejar claro desde un principio lo que significa "colaborativo": no hay especialización y todo el mundo pone su granito de arena de acuerdo a sus posibilidades.
 
2. Confrontación: al poner todo el mundo su granito de arena, ¿qué pasa? Que todo el mundo quiere ser "jefe/a". No falla. Cada integrante quiere imponer su modo de ver y hacer las cosas al resto. El profesorado normalmente puede intervenir y mediar, pero lo más fácil es dejar muy claros los criterios de evaluación 
 
3. Normalización: si todo va bien, el grupo establecerá sus propios criterios y tenderá - aunque a ciertas edades, es complicado -  a la auto-organización. No obstante, la "vigilancia" del o la docente es fundamental: los trabajos realizados en el aula, si se realizan con transparencia y atención del profesor o profesora, se denominan "caja blanca".
 
4. Rendimiento: Una vez superados los conflictos y normalizada la colaboración de cada integrante, se consolida el grupo.
 
Pregunta... ¿entonces es conveniente mantener los grupos siempre iguales?
Depende del contexto del aula: mantener siempre el mismo grupo de trabajo impide en cierto modo una correcta socialización, a pesar de sus ventajas. Sin embargo, si se trata de una estrategia de centro y nos aseguramos de la rotación de las alumnas y alumnos a lo largo de todo el curso en otras asignaturas, puede que sí podamos permitirnos formar equipos más estables.

Y si se enzarzan en la fase de formación-confrontación, ¿qué hago?
 
Si ese problema no se resuelve en la sesión planificada para organizar el grupo hay dos soluciones:
  • Plan A: ejercer mediación de conflictos y esperar que aprendan a resolverlo entre ellos/as. 
  • Plan B: tomar el control del grupo de trabajo como docente, ponerlo a funcionar según tu criterio y dejarlo trabajando posteriormente
  • Plan C: deshacer el grupo
 

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