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Artículos y actualidad

Día Mundial del Síndrome de Down, en las aulas


El Síndrome de Down constituye una de las situaciones de diversidad funcional y necesidades educativas especiales más comunes dentro de las aulas; por sus características, es uno de los trastornos que más implican al profesorado y se presentan, para todas y todos, como un reto de integración que hemos de llevar adelante... Pero, ¿Qué es? ¿Qué podemos hacer y qué debemos evitar?
 
JAMIE BREWER
¿QUÉ ES?
El Síndrome de Down (SD) es un trastorno genético: se denomina trisomía del par 21, ya que hay tres cromosomas 21 y no los dos cromosomas habituales. El SD es la causa más común de discapacidad cognitiva

Además de las dificultades asociadas a la intervención en el aula con alumnado que presenta discapacidades cognitivas, en el SD hemos de tener en cuenta las enfermedades asociadas: para ello, es necesario contar con un contacto frecuente y estrecho entre la familia y el centro, pues a menudo, las personas con SD presenta cardiopatías, trastornos de la visión, de la audición, gastrointestinales... Al igual que haremos ante cualquier discapacidad motriz o enfermedad de cualquier alumna o alumno, procuraremos adaptar el aula, en la medida de lo posible, de forma facilitadora para poder atender las necesidades específicas de salud, si las hubiera (no siempre se presentarán)


EL OBJETIVO SOCIOEDUCATIVO
Nuevamente, como siempre que nos encontramos ante una persona con diversidad funcional, con personas neurodivergentes o con alumnado que padece enfermedades crónicas (el SD no es una enfermedad en sí, pero sí pueden conllevar enfermedades asociadas), el objetivo es procurar que el o la estudiante adquiera la mayor cuota de autonomía posible: preparar a esa persona para vivir de forma autónoma no es una tarea fácil; es un objetivo ambicioso y se requiere de la colaboración de sus compañeros y compañeras de clase, de la familia, de otras familias del centro, del profesorado, de profesionales ajenas y ajenos a la comunidad educativa, de la Administración pública y los servicios de apoyo terapéutico que debe prestar a personas dependientes, etc.

TRES OBJETIVOS EN EL AULA
En primer lugar, una discapacidad cognitiva puede compensarse hasta cierto punto con estrategias de desarrollo de la creatividad; las intervenciones en materia de didáctica deben contar con el asesoramiento de un/a profesional en pedagogía terapéutica, pero hay que contar con una predisposición favorable del niño y niña con SD hacia materiales de aprendizaje que comprendan elementos gráficos, visuales, y sonoros: lo audiovisual funciona muy bien para todo el alumnado, pero especialmente en el SD (como en los TEA) es una necesidad.

En segundo lugar, tu alumno o alumna con SD debe aprender a vivir de la forma más independiente que le sea posible, dependiendo de sus capacidades y discapacidades.

En tercer lugar, y este objetivo tiene más que ver con el aula que con las personas con SD, los compañeros y compañeras deben aprender a convivir en diversidad, a respetar, a ayudar y a considerar un/a igual a las personas diferentes (en cualquier sentido) que vayan a ir conociendo a lo largo de su vida.

QUE NO HACER. ¿NORMAL O ESPECIAL?
Si admitimos que hoy en día se impone la enseñanza personalizada y adaptada a los diversos estilos de aprendizaje, podemos empezar admitiendo que todas y todos somos "a-normales": la diferencia y absoluta heterogeneidad en las aulas es LO NORMAL.
 
A parte de eso, los niños y niñas con SD no son "ángeles", no dan "pena", no "sufren" por ello (o, al menos, no sufren por el SD... por una cardiopatía, por ejemplo, sufre cualquiera), no han perdido su carácter de persona, no son "especiales" y no necesitan, ni mucho menos, la condescendencia de sus semejantes.
 
Necesitan ser tratados y tratadas como personas merecedoras de respeto: son normales (porque el SD es un trastorno habitual), no sufren (porque han nacido así, están acostumbrados/as y adaptadas/os a SER personas con SD, aunque sufren cuando se les discrimina y margina, como cualquier otra persona), no son "ángeles", si eso implica negarles su capacidad de obrar y arrebatarles toda autonomía posible, y tampoco son eternamente infantiles.
 
Debemos procurar que los niños y niñas con SD aprendan a "crecer" y puedan llegar a la edad adulta en las mejores condiciones posibles, entendiendo que una discapacidad no tiene por qué suponer una incapacidad: la protección no sobreprotectora (esto es, luchar por sus derechos), la ayuda, el respeto y la intervención pedagógica son claves para poder alcanzar la normalización que tan urgente es.
 
 
 
EN LA FOTO, LA ACTRIZ JAMIE BREWER: una intérprete (y muy buena) con Síndrome de Down
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