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Planificación de las clases como Proceso

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Cecilia Lemos nos deja una importante lección sobre las Programaciones Didácticas de Aula y la planificación de Unidades Didácticas: algo que trae (y traerá) de cabeza a muchos profesores y profesoras nuevas o en formación. Desde ITDI hasta Escuela20.com, donde os lo traemos traducido y adaptado.
 
Mis programaciones de aula - y los resultados concretos de ellas - han cambiado mucho en los últimos años que he estado dando clase, y seguirán cambiando cada curso. Los alumnos y las alumnas cambian por mi: sus necesidades y las mías, las herramientas de trabajo, el material... todo ha cambiado. Sería una locura que no cambiase la programación de aula: ese proceso evolutivo hay que explorarlo en mayor profundidad.

Cuando somos nuevos y nuevas en la enseñanza, una programación de aula detallada nos da confianza: es fundamental. Al plantearnos todos los pasos, todos los procedimientos, todos los recursos y todas las interacciones a las que queremos dar lugar, prediciendo el tiempo de cada una, tenemos la sensación de estar listas(os) para entrar al aula. Creemos reducir el riesgo de bajar la guardia - cosa muy frustrante y que dificulta el trabajo de las novatas y los novatos. Independientemente de cuánto tiempo llevemos en la docencia, es importante preguntarnos cómo la planificación y la reflexión influyen sobre el trabajo de cada unidad didáctica. Por ejemplo:

1. ¿Qué han aprendido mis estudiantes tras esta Unidad Didáctica?

2. ¿Qué podrán hacer ahora que no eran capaces de hacer antes?

3. ¿Cómo les ha ayudado a progresar en su aprendizaje?

4. (Y lo más importante? ¿Cómo puedo ayudarles a llegar a sus metas personales?

Al plantearnos las unidades didácticas, hemos de considerar de qué vamos a hablar, cómo y con qué complementos cuento: intento predecir, de este modo, las dificultades, preguntas y dudas que los y las estudiantes puedan tener, y anticiparme a ellas. Esto me ayuda a planificar dentro de un programa más amplio que marca los contenidos que (se supone) debo impartir. Al reflexionar sobre las actividades y la adecuación de éstas al alumnado estoy lista para hacer frente a los problemas típicos de cualquier aula.


 
Esto nos llega a lo que yo creo, realmente, que es el corazón de una programación de aula: no es el impreso de esta programación, sino el planteamiento que subyace. Considero los grupos y considero los individuos: intento cubrir las necesidades colectivas y el desarrollo individual de cada cual.

Hoy en día, mi programación consiste en palabras clave, páginas de libro, enlaces... Es el resultado de mis casi 20 años de docencia. El hecho de que mi programación de aula pueda caber en un folio no significa que se redujese a eso: hay mucho más de lo que parece tras esas palabras clave, pero todo está en mi cabeza. No tengo que describir cada procedimiento para cada actividad: los he hecho tantas veces que me los se de memoria. Cuando se trata de una nueva actividad o de una nueva herramienta, escribo a un lado los procedimientos para evitar perder el norte si me fallase la memoria.

También he utilizado la programación de aula para trabajar en mis propios problemas específicos como profesora, de los cuales me he dado cuenta o se han señalado después por observación de alumnos, alumnas y colegas. Por ejemplo, una vez me comentaron que mis instrucciones eran largas y confusas; ¿qué hacer con esta crítica constructiva? Pensaba en las palabras que yo usaría para dar las instrucciones de las actividades; al verlas por escrito pude reflexionar sobre su eficacia y modificarlas según me pareciese necesario, para hacerlas claras y concisas. Después de dar realidad a esas instrucciones escritas en mi guión, aprendí a cambiar mi forma de dar clase y me hice una mejor docente (¡espero!)

Eso es todo lo que tengo que decir sobre la programación didáctica de aula y la planificación de las clases y las unidades didácticas; no se trata de haber planificado, sino también de estar al tanto, preparada(o), para hacer frente a los imprevistos y mejorar como docente a lo largo de todo el proceso.
 

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