La educación infantil, en palabras del Comisario Europeo de Educación, Formación, Cultura y Juventud, Ján Figel, constituye uno de los principales desafíos inmediatos para los sistemas educativos europeos y un reto al que se enfrentan nuestras sociedades en la actualidad. La Comisión Europea recomienda a los Estados Miembros invertir más en la educación infantil como medio eficaz para sentar las bases del aprendizaje posterior, prevenir el abandono escolar e incrementar la igualdad en los resultados y en los niveles globales de competencia.
En este marco de recomendaciones y en medio de una situación educativa especialmente complicada, se hace necesario seguir apostando por una reflexión continua sobre las necesidades que plantea la educación infantil y la forma de dar respuestas eficaces a las mismas. Diferentes estudios ponen continuamente de manifiesto que el desarrollo del ser humano se produce por las interacciones entre los componentes biológicos propios de cada persona y las experiencias adquiridas en el entorno sociocultural al que pertenecen. Ese entorno, que en otros tiempos era casi exclusivamente la familia, se ha ido ampliando por las necesidades de los nuevos modelos sociales, dando lugar a un marco diferente en el que la escuela se erige como apoyo educativo fundamental. La escuela pasa así a compartir con la familia la tarea de asegurar el desarrollo global del niño y los diferentes aprendizajes que corresponden a la etapa 0-6 años, en un ámbito que garantiza la interacción no solo con los adultos, sino también con otros niños, si dejar de tener presente que es la familia el primer agente educativo y que la escuela desempeña una función complementaria.
La educación infantil desarrollada en el contexto escolar posibilita además, minimizar las desigualdades generadas por las diversas contingencias que se producen en una sociedad en continuo cambio, donde el futuro se adivina imprevisible. Un marco educativo común asegura las mismas condiciones y oportunidades para todos desde el comienzo. Un planteamiento educativo de calidad exige profesionales especialmente preparados y que sean conscientes de necesitar una formación continua, que les permita estar actualizados y revisar permanentemente su trabajo. El conocimiento de los nuevos enfoques metodológicos posibilita la reflexión y la búsqueda de las alternativas más adecuadas a las necesidades socioeducativas de cada momento. Es importante tener una nueva mirada hacia la forma de concebir los espacios educativos (rincones, ambientes, talleres, etc.), los tiempos (ritmos acordes con las necesidades de la infancia), las actitudes (la escucha, la espera, el respeto), el bienestar emocional de la comunidad educativa (es necesario haberlo adquirido para poder transmitirlo), las relaciones con el entorno (la escuela como parte integrante de la comunidad), las interacciones (relaciones interpersonales, agrupamientos, trabajo en equipo, comunicación, encuentros, etc.).
Es fundamental también actualizar constantemente la formación cultural, científica, tecnológica, artística, humanística, etc., que permita seguir comprendiendo los lenguajes comunicativos y expresivos del mundo actual, integrando las diferentes culturas que cada vez enriquecen más la realidad de la escuela infantil contemporánea.
Ángeles Ruiz de Velasco Gálvez
Doctora en Pedagogía (UNED), psicomotricista (CEFOPP) y profesora titular de educación infantil en el Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle (Universidad Autónoma de Madrid).